miércoles, 9 de julio de 2014

Te esperaré.

Hace algún tiempo, mi hija pequeña, muy emocionada me contó que quería hacer la primera comunión junto con sus amigos. En ese momento le pregunté ¿y qué es eso? Simplemente ella no lo sabía. Con diez años sólo quería participar en eso, porque además también, al culminar, se hace una hermosa fiesta.
Como padre intenté que pensara un poco sobre lo que significaba el rito y el porqué la gente lo hacía. Evidentemente fue una acción evidentemente infructuosa. Con apenas diez años no es posible lograr un estado de meditación y reflexión lo suficientemente profunda como para superar la alegría tangible de compartir con los amigos en una fiesta donde te ponen hermosos trajes blancos, lindos peinados y te regalan dinero. ¡Ah! y te visita la familia que casi nunca ves.
En total, vale la pena asistir al catecismo, sin importar si tiene sentido o no lo que ahí te dicen, el premio final es fantástico… para un niño de diez años.
-¿Aún no te han contado cuando Jesús caminó sobre el agua?- Pregunté en una de esas conversaciones casuales. –Las personas no pueden hacer eso papá- me respondió mientras me miraba con la cara de quien observa a alguien que no sabe lo que es un Pokemón. –Eso de gente caminando sobre el agua es una locura- completó. – Vi un rayo de esperanza muy al fondo del túnel. Ese mismo rayo que me guio a mí, y a mis otros dos hijos, ya mayorcitos. La luz de la razón que se impone cuando ya se confrontan lo pensado y analizado con lo simplemente aceptado.
Las fotos de su comunión fueron hermosas, su alegría de estar presente entre amigos y gran parte de la familia en tan hermosa ceremonia. Luego, cuando la vi más tarde, se emocionó al darme la alegre noticia al oído sobre cuánto le habían regalado en metálico… definitivamente un recuerdo hermoso que durará por mucho tiempo.
Evidentemente yo no estuve presente. Para mí, adoctrinar a un niño es una especie de abuso infantil, no me importa si es por razones religiosas o por motivos políticos.
He visto vídeos sobre niños alabando a Chávez, a la Revolución, a Fidel Castro, y la reacción de la gente de oposición es tajante: “ese pobre niño no sabe ni lo que dice”, “¿dónde estarán sus padres que permiten que les laven el cerebro de esa manera?”, y pare usted de contar. Sin embargo, esas mismas personas adoctrinan a sus hijos en muchas cosas igualmente deplorables. (Para muestra les dejo este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=47E_OMmb6tY&feature=youtu.be y disfruten los comentarios)
Hay una diferencia entre “adoctrinamiento” y “educación”. Veamos qué dice Wikipedia al respecto:
“El adoctrinamiento a diferencia de la educación no siempre pretende convertir al sujeto en un individuo autónomo, con sus propios elementos de juicio, sino que frecuentemente el adoctrinamiento se caracteriza por la fe ciega y la ausencia de pensamiento crítico. En casos extremos el adoctrinamiento incluso puede ir acompañado de técnicas de lavado de cerebro.”
Como padre le muestro a mis hijos muchas religiones, por si algún día deciden que les agrada alguna, y entonces puedan hacerlo desde su propio juicio y no por presiones culturales-históricas, que dependen más de la cultura del lugar y momento en que nacieron, que de la respuesta a una búsqueda honesta a preguntas trascendentes. No sólo les doy a leer de un solo libro, o varios que apunten a la misma idea. Les doy a leer diferentes libros con ideas diametralmente opuestas… y a razonar. Quiero que puedan decidir y a discernir incluso si podrían estar equivocados en sus propios pensamientos, es decir, a dudar de sí mismos, e incluso de los dioses de turno.
Cuando parte de mi familia me preguntó sobre por qué no estuve en tan hermoso momento al lado de mi hija les respondí: -En algún momento ella se atreverá a ir contra las costumbres y tradiciones de su familia y cultura, y cuando esas mismas personas que ahora la felicitan y la rodean de alegría se nieguen a acompañarla… ahí estaré yo, porque será el momento en que realmente me necesite.
A ti mi princesa, que jamás te he escrito un poema o un cuento bonito, a ti te hago esta promesa: Cuando nadie desee acompañarte porque has dejado de ser parte del rebaño y no necesites ya a un pastor… volaremos juntos, con la libertad que nos da el poder pensar y hablar sobre lo que nos plazca, sin las cadenas del miedo que nos mantendrían en tierra rumiando el pasto que te dicen ser el que necesitas.
Y seré feliz viéndote surcar tus propios cielos, afrontar tus propias tormentas, pero libre, y aunque el camino pueda ser solitario y difícil, créeme, no hay como volar con el pensamiento, libre, como ahora yo lo soy.
Te esperaré aunque tal vez nunca llegues.

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