Aunque parezca contradictorio, aún cuando las circunstancias de la vida me sean adversas y los conflictos y problemas me agobien, aunque las nubes de la tristeza oculten la belleza de mi cielo azul, allí están ellos, dando aliento, ofreciendo su hombro, extendiendo su mano. El camino se vuelve más corto, la carga más liviana, el mundo más hermoso… y aún con penas lastimando mi corazón, soy feliz.
No los busco, ellos me encuentran, y los considero un regalo de la vida. Vienen de todas partes, vienen en todo momento, y aún en mi soledad están conmigo, aunque no los sienta. También vienen en todos los tamaños y con formas muy diferentes de pensar, inclusive, a veces, parecen que quieren herirme, pero a la final resulta que me hacen crecer, aunque parezcan rudos, aunque parezcan tiernos.
Miro a mí alrededor y veo gente hermosa,
miro a mí alrededor y veo mi felicidad inscrita en sus existencias,
y si cierro mis ojos, para no ver nada,
aún así, los veo a ellos
y entre ellos
te veo a ti.
Tu dolor es mi dolor, tu pena es mi pena, tu alegría es mi esperanza y tu futuro es mi mejor deseo. Y aunque mi mano no parezca alcanzarte, o mi hombro no pueda con tu pena, mi espíritu está contigo. A veces quisiera que vieras el mundo a través de mis ojos, a veces quisiera que sepas que cuentas conmigo, pero la vida es así, las gemas preciosas no siempre parecen bonitas y a veces parece que yo no estoy allí.
Yo soy feliz, porque estoy rodeado de gente como tú y por eso te doy las gracias, y te puedo asegurar que si bien es cierto que todo cambia, también es cierto que mi cariño hacia ti cambiará, porque crecer también es un cambio.
Cuídate mucho, porque al igual que a mí, refrescas con la brisa de tu existencia a muchas personas. Porque aunque no lo sepan o no lo noten, también eres cómplice de nuestra felicidad.
Y si tu risa está ausente, y si tus fuerzas están mermas, sólo mira a tu alrededor y dime: “¿ves lo mismo que yo?”
Puerto la Cruz, 13 de Marzo de 2003
No hay comentarios:
Publicar un comentario